LA EDITORA DICE...

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Bode Miller

El Dr. Alfonso Ruíz Soto®.

El curso que lleva el nombre de este apartado es impartido por el Dr. Alfonso Ruíz Soto®, espero que las personas que lean esto puedan tomarlo. Ya que lo que diré no da –ni lejanamente– la sensación y experiencia de estar ahí.

Partamos del prototipo de que “la realidad es lo que es, pero la vida es lo que significa”, lo que entiendo de esta frase es que pasan enfrente de nuestros ojos -y otros canales de percepción- un conjunto de sucesos y fenómenos cotidianos (signos, códigos, estructuras, sistemas y modelos), los cuales entran en mi vida de una forma u otra dependiendo de la carga que yo les otorgue, qué papel juegue con ellos y el peso específico que les conceda.

Es lo que significa, pues en ese momento y para mi vida tienen un valor o peso determinado. ¿De qué depende? De cómo lo asuma y lo viva, p. e. puedo estar frente a una frase bíblica muy profunda, no sé, pienso en el comienzo del evangelio de san Juan (1: 1-5); y mis prejuicios me impiden comprenderla y sólo emito un juicio: “a todo lo que tenga que ver con religión cristiana, yo le doy la vuelta.”

El principio de realidad está frente a nosotros todo el tiempo. Contamos con tres sistemas que nos permiten interactuar con él. Se le conoce como el triángulo de actitudes: 1. las convicciones racionales que son el sistema de pensamientos; 2. las preferencias afectivas, el sistema de valores y 3. las certezas intuitivas, el sistema de creencias. En el centro de tal triángulo se sitúa la actitud, que es exactamente lo mismo que nuestra postura frente al principio de realidad.

La actitud, cuando opera, nos permite aceptar los sucesos como son en sí mismos. Ello otorga una tranquilidad que puede darse en distintos tiempos. La actitud frente al principio de realidad es la que nos ofrece la opción de ver que los problemas que no tienen una solución viable se les debe de llamar hechos, digamos que son hechos en sí mismos, p. e., el tráfico y una lluvia torrencial simultáneamente nos impedirán llegar en el tiempo programado a nuestro destino.

La vivencia ocurre cuando el IC interactúa con el principio de realidad. Pero la experiencia sólo ocurre cuando el YO realiza su proceso de cognición frente a tal suceso, y depende siempre de la actitud que se genera por la interacción entre los tres sistemas: pensamientos, valores y creencias. En tal proceso se tiene la ineludible opción de tomar una postura de frente a tal vivencia.

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El Dr. Alfonso Ruíz Soto® explicando su método.

Para que una vivencia se torne en experiencia tiene que…

haber al menos tres elementos: 1) consciencia de mí, 2) consciencia de lo otro (principio de dualidad o atención dividida) y 3) consciencia del impacto de la Realidad en mí. Al asimilar las experiencias vamos cerrando ciclos, de lo contrario dejamos abiertos canales negativos de angustia o sufrimiento. El desarrollo del YO sale de la conciencia (experiencia) y nunca de la vivencia.

Ahora bien, las experiencias fuertes en la vida o puntos de fricción, son los que nos van a permitir desarrollar la consciencia. Mientras mayor sea el área de fricción mayor es la toma de consciencia. La conciencia crítica te otorga una consciencia autorreflexiva, (además de ética y estética). La conciencia autorreflexiva contiene los siguientes procesos: 1. Te percatas, 2. Hay atención (lo percibes), 3. Hay cognición (lo comprendes), 4. Hay memoria (lo retienes), 5. Hay deseo (por experiencia), 6. Hay creatividad (satisfacer los deseos) y 7. Se da la contemplación (percibir en consciencia).

El YO está presente en el centro, y desde ahí contempla el principio de realidad pero debe de hacerlo con una distancia crítica. Esto debe de quedar muy claro, el ELLO o Imaginario Colectivo, que es la realidad y todo lo demás que no es el YO, idealmente ha de verse con distancia y con desapego. Simplemente es y ocurre, no hay que guardar juicios morales sino observar el hecho en sí y describirlo sin prejuicios. No se juzga, únicamente se observa. Si emitimos juicios de valor se anula la distancia crítica generando estados de ánimo que son evanescentes, dispersos y contradictorios. Continuando con el ejemplo del tráfico y el aguacero simultáneos, si no logro tomar una distancia crítica del hecho, comienza uno a desesperarse, a enojarse y a manejar toscamente, con el peligro de tener un accidente. Todos esos estados de ánimo no solucionan el hecho en sí, el tráfico sigue ahí, la lluvia también y será inevitable llegar a la hora programada.

Insisto, tu relación con el principio de realidad depende de la actitud que tengas de frente a ella.

TODO EL CURSO DE “SEMIOLOGÍA DE LA VIDA COTIDIANA®”, POR ALFONSO RUIZ SOTO®, LA EXPOSICIÓN AQUÍ DESCRITA ES UNA LIBRE ADAPTACIÓN Y BAJO MI RESPONSABILIDAD.

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